En el sector rural de Ecuador, el desempleo apenas llega a 1,5%, pero eso no significa buenas condiciones laborales. Según datos de la Enemdu (diciembre 2025), el 88,7% de los trabajadores agrícolas rurales está en la informalidad y el ingreso promedio del sector es de $206 mensuales, menos de la mitad del Salario Básico Unificado. Además, el 87,9% enfrenta subempleo por ingresos.
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El economista Hugo Salomón Riofrío Rosero explica que el modelo agrícola tradicional —basado en cultivos de bajo valor como el maíz duro— mantiene ocupadas a las personas, pero no logra traducir ese trabajo en productividad ni mejores ingresos. Según su análisis, trabajar en agricultura aumenta entre 14,4 y 25,9 puntos porcentuales la probabilidad de caer en desempleo o subempleo.
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Como alternativa, Riofrío plantea una reconversión productiva hacia frutas de alto valor con potencial agroexportador. Su simulación indica que convertir 50.000 hectáreas de cultivos tradicionales a arándano generaría 102.000 empleos formales y $1.730 millones anuales en valor bruto; con pitahaya, la cifra sería de 80.000 empleos y $1.247,20 millones.
El estudio advierte que cambiar de cultivo no basta: se requiere financiamiento, asistencia técnica, riego, infraestructura de frío y certificaciones internacionales (GlobalGAP, Fair Trade). Se sugiere además el modelo de «outgrower schemes», donde empresas exportadoras trabajan junto a pequeños productores sin necesidad de comprar sus tierras.
La educación también es clave: contar con estudios superiores reduce en 47,5 puntos porcentuales la probabilidad de subempleo.
El análisis propone cuatro medidas estatales: financiamiento de largo plazo con períodos de gracia (BanEcuador, CFN), incentivos tributarios para empresas que apoyen a proveedores rurales, infraestructura pública de frío en zonas estratégicas, y simplificación de protocolos fitosanitarios para exportar frutas no tradicionales.

